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Diego Ramón Jiménez Salazar (Madrid, 27 de diciembre de 1968), más conocido como Cigala, es un cantaor de flamenco español de etnia gitana y nacionalidad dominicana desde 2014. Es “Diego” resultado de una disputa familiar producida por su padre y su tío en la pila bautismal; y “cigala” apodo que recibió de los hermanos Losadas, guitarristas.

La pandemia ha dejado a Diego ‘El Cigala’ sin gira de presentación de su disco de repertorio ‘mexa’ (‘Cigala canta a México’), pero no sin ganas de aventuras nuevas (la semana pasada dio una ‘masterclass’) ni sin su sentido del humor: en los camerinos despedía a algunos visitantes al grito de “¡Atrás!”, la expresión con la que consiguió trascender el ‘meme’.

¿A quién teme más, a Dios o al Demonio?

A Dios. Porque cuando suelta la ira, mira lo que está pasando en el mundo. Y ya no te digo más ‘ná’.

¿Y al dinero hay que temerlo? 

Mucho. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pero por el dinero se mata, se disuelven las familias y el querer, se traiciona como traicionó Judas a Jesús por 30 monedas, todas las guerras para vender helicópteros y misiles… Cuando lo más bonito es tener conocimiento. Y el amor. Hay que saber utilizar el dinero para hacer el bien y para ayudar, y no mirar a quién. Sin avaricia. El dinero, para lo justo: estar tranquilito, que tu familia viva cómoda y ya está.

¿Que habría pasado si usted no hubiese triunfado en la música?

Habría sido la misma persona. Nada más que, en vez de tener éxito cantando, lo habría tenido con la familia. Y seguiría cantando en un corro de amigos, de gitanos y no gitanos, de todo aquel que le gusta el flamenco y la buena música. Y, eso sí, estaría jugando al fútbol que te cagas.

¿A quién se parecería usted de haber sido profesional?

¿Yo? A Zinedine Zidane. Tenía muy buen toque de balón y donde la ponía, allí iba.

¿Cómo es ejercer de ‘maestro’ en una masterclass?

La masterclass ha sido toda una experiencia nueva. Ha habido muchas emociones, la gente ha llorado, ha reído. Cantaba ‘Somos novios’ y contaba la historia de la canción. O de dónde viene la palabra “mariachi”, que es del francés, de las bodas o “marriages”. O las conversaciones con mi compadre don Armando Manzanero. 

¿Que latido le da la música de México?

Mucha nostalgia y melancolía, mucho romance… Es una música que se queda ahí, para la eternidad.

¿Cómo ha sido elegir este repertorio de canciones?

Me las iba poniendo Dios en el camino. Y también me las iba dictando mi compañera, doña Amparo, que en paz descanse. Ella y yo teníamos este proyecto juntos, con el apoyo de mi compadre Jaime Calabuch ‘Jumitus’, sin el cual no habría sido posible llevar a cabo esta hazaña.

Ahora que menciona a Amparo, ¿cómo es su ausencia?

Cada vez que estoy cantando, me viene ella a la mente. Cante lo que cante. Es mi ángel de la guarda, mi Amparo.

¿Puede llegar a cerrarse una herida así?

No, jamás. Eso siempre va a estar en mi corazón. Esa herida no se puede cerrar, es imposible. Y, además, no quiero que se cierre.

Hace unos años, cuando empezaron, los chavales del ‘trap’ le tenían a usted como el nuevo Camarón. “Coca y marihuana, puta, soy el Cigala”, cantaban los Pxxr Gvng.

Es un orgullo. Me encanta que la gente hable de mí y me llega al corazón que la juventud siga nuestra música, que ellos rapeen… Para mí es maravilloso. El flamenco y el rap o similares son músicas hermanas, de la calle, de la noche.

¿Usted se ve metiendo pie ahí? Lola Flores hizo un rap y todo.

Hay que tener mucho cuidado. El flamenco es el flamenco y no hay que ponerle ningún aditivo. Ya es milenario y así lo dejaron los grandes. Y mantiene una potencia que no necesita de ninguna música a su lado, con todos mis respetos. Que el resto también lo respeto muchísimo y veo que hay muchos genios, que mola mucho y la juventud disfruta con ello. O sea, que no. Yo no soy rapero. Antes que hacer un rap, yo me comería un rape [risas]. A la plancha. Aunque mira, hacer algo con Bad Bunny…

¿Qué tal el confinamiento?

 Lo he vivido con mi familia, con mis hijos, en Punta Cana, cantando ‘Cigala canta a México’ y cuatro meses encerrado en casa. Y lo he vivido con mi Dios. Él es el único, el camino, la verdad y la vida. También he llorado por todo lo que ha sucedido en España y en el mundo, por todas las víctimas que se ha llevado este bicho de mierda. Y además he tenido unas depresiones del carajo porque teníamos una gira muy larga y se ha aplazado por todo esto. Pero Cigala va a volver presentando este disco con todos los que han tocado en él. En el Auditorio Nacional de México y, en España, en el Teatro Real o el Liceu de Barcelona… Sitios gordos donde merece ser escuchado.

¿Se recuperará la industria del espectáculo?

Va a tardar. Pero los artistas tenemos esta responsabilidad. Y, cuidado con lo que voy a decir, los gobiernos tienen que apoyar la cultura y a la música. Y más todavía en estos tiempos. ¿Porque dónde vamos ya sin cultura, sin cine ni teatro? Eso ya es para morirse, ¿no? Pues sí, la verdad. Y me gustaría que el Gobierno se pusiese también para el mundo de los toros. Que es muy importante. Quiero lanzar desde aquí un mensaje: Vivan los toros y vivan los toreros. Y viva la cuadrilla de Rafael de Paula y Curro Romero. Eso tiene que existir, no puede acabar. ¿Cómo va a ser eso? El toreo es como el flamenco. Son dos cosas iguales.

Aparte de esto, ¿se atreve con una valoración de la gestión política de la Covid-19?

No, no, no. Yo no hablo de política. Si hablase de política, entraría preso. La política para quien la quiera. Para ti, por ejemplo, que me has preguntado por ello.

¿Cómo cree que ha afectado esto a la gente? ¿Cree que se tienen más ganas de romperle la crisma al otro?

Si te refieres a ése que yo pienso, ojalá que le partan la cabeza. Pero que la gente cante en los balcones, que expresen su lamento y su dolor, eso me ha encantado. Yo me quedo con lo mejor.

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