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Para bien y para mal, el programa First Dates no necesita presentación. Quien más y quien menos ha quemado unos minutos de su vida viéndolo para saber cómo demonios liga el prójimo: un puñado de españolitos desesperados que tratan de encontrar un roto para su descosido en el transcurso de una cena que, para más inri, pagan ellos, si bien el programa les abona cien míseros euros para paliar un poco el espantoso ridículo que suelen hacer.

Desde que el programa se estrenó en junio del 2015, sus fans hemos asistido horrorizados a un desfile de atorrantes criaturas procedentes de todos los rincones de esta cosa llamada España, que, azuzados por el presentador Carlos Sobera, se miran y se hablan y se huelen con desgana, tratando en vano de sentir algo los unos por los otros en la época más oscura y solitaria de la Historia de la Humanidad.

Dicho esto, vamos a acometer la ardua tarea de seleccionar los especímenes más aberrantes que han pasado por el programa. Porque First Dates es mucho más que televisión: es otra señal del Apocalipsis, es arte bruto contemporáneo, viscoso reflejo de una civilización terminal. Pasen y vean y lloren.

Platania Aeternum

Me temo que el lobby LGTB va a tener que añadir alguna letrita nueva a sus siglas para meter en su saco a Platania Aeternum, una persona (no sé si humana) que ha roto todos los moldes, pese a su razonable parecido con Marilyn Manson y a su visible poso de caspa celtibérica. Vamos, que a la tal Platania le sale pelo de la dehesa hasta en la planta de los pies, por más que se autocalifique como un ser sin género, perteneciente a un supuesto quinto sexo divino y, para colmo, adimensional. Por remota que sea, la sola posibilidad de que te salga un hijo así es una buena razón para hacerse una vasectomía urgente.

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Federico aka Papi Diablo

Como no podía ser de otra manera, el colectivo swagger tenía que tener un huequecito en First Dates. Ahí está Federico, un niño-rata que no estudia ni trabaja, pero se dedica a hacer trap. ¿Que qué es el trap? El propio Federico lo define como música como de narcotraficantes. Acabáramos. Como nombre artístico, Federico usa Papi Diablo porque es un nombre muy pegadizo, dos palabras muy españolas pero que entiende un americano o un francés. Y con la misma se pone a trapear: Dame la droga del punto, dame tu money to junto, mientras el equipo del programa se chotea de él. La fama cuesta, ¿verdad, papi?

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En Youtube podemos disfrutar de una de sus “joyas” musicales que no dejará indiferente a nadie.

Yami

Definitivamente, la vaina de género se nos está yendo de las manos. Y la prueba es el tremebundo cacao mental del que hace gala Yami, una estudianta vallisoletana que se define a sí misma como neutra porque no le gustan las clasificaciones, ni adscribirse a ningún género específico. Para ello echa mano de una estética como de Mad Max de extrarradio que ella define como retrofuturista. Para acabar de rizar el rizo, su cita no fue con una persona sino con dos: un espantapájaros polisexual llamado Magnus y su pareja, una rechoncha individua que atiende por Apuesta Princesa. Si esta es la familia del futuro, paren el mundo, que me bajo.

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Bruno

A veces, uno se pregunta si los humanos hemos avanzado algo desde la Edad de Piedra, o si la sobredosis diaria de información absurda nos ha dejado aún más tontos que antaño. Si no fíjense en Bruno, un chaval de 19 tacos que va a todas partes disfrazado como una abuela de luto. La causa viene a ser que lleva medio siglo reencarnándose:

Yo antes era baronesa y me llamaba Sara. Me mató mi hermana por celos. Las reencarnaciones son un círculo vicioso, como todo.

Para rematar, suelta que busca un novio que tenga unos 700 años de reencarnación. Así es Bruno, un ente que ahora tiene forma de estudiante, pero que habría deseado reencarnarse en algo más fotosintético, como una planta. Todos habríamos salido ganando, Bruno, todos habríamos salido ganando.

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Ferre

He aquí un rechoncho varón de 24 primaveras, que luce una pajiza melena alopécica y anda por la vida embutido en un disfraz de superhéroe que hace pupa a los ojos. Lo que se dice un partidazo. Por si fuera poco, a esta especie de Capitán Morcilla no se le ocurre otra cosa que hablar de bullying en la primera cita: El bullying mezclado con el tema del amor es jodidísimo, porque eso es en plan como cuando te dejaban de lao porque eras gordito, le dice a la chica en plena cena. Y la pobre chica no sabe dónde meterse.

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Isabel Saku

Las lolitas (nada que ver con Nabokov) son una tribu urbana de mozas que se disfrazan de princesas manga japonesas por fetichismo y afición. De eso iba Isabel(que también atiende por Saku) una chiquita de 22 años con coletas y vestido de Candy Candy, que parecía que no había roto un plato en su vida. Virginal y candorosa, la niña se presentó en el programa haciendo gala de un pizpireto gracejo: Soy Saku, pero mi verdadero nombre es Isabel, como el atún. [Risas enlatadas]. Cuál sería nuestra sorpresa cuando nos enteramos de que la lolita en cuestión había trabajado como felatriz para el famoso productor porno Torbe. Si es que ya no te puedes fiar ni de tu santa madre.

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Ioan Luciano

Antaño, solo los presidiarios, los marineros y las presciputas se tatuaban. Ahora hasta el último cagapoquito de la ofi se llena de monigotes su cuerpo escombro; monigotes que lo perseguirán hasta la tumba como acusadores fantasmas de su idiocia. Y si no que le pregunten a Ioan Luciano, un mindundi que se ha transmutado en un fenómeno de feria tras tatuarse de pies a cabeza. O casi: En la parte más preciada no tengo tatuajes porque me da miedo pincharme ahí, puntualizó en su paso por First Dates. Por supuesto, suele quedar con chicas que también están tatuadas hasta la rabadilla, aunque en las dos veces que visitó el programa no se llevó a casa más que calabazas. ¡Suerte en la próxima, Ioan Luciano!

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Laura

A estas alturas de la película es más que evidente que la cosa del animalismo se nos ha ido de las manos, y está llegando a sus más altas cotas de descerebre y sinrazón. Y la mejor prueba es Laura, la charcutera amante de los cerdos. Yo no sé si esta señora existe de verdad o es una invención de los guionistas del programa, porque una charcutera animalista que posee una cerda vietnamita como mascota tiene jamones. La cerda es mi complemento y mi pareja tiene que quererla, dijo la interfecta. Y se quedó tan ancha.

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Susana Chica

En First Dates no abundan los plantones de hombres a mujeres. No está el mercado como para ponerse estupendos y cualquier españolito de infantería con tal de hablar cara a cara con una mujer, es capaz de vender su alma a Belcebú. Pero, claro, si tu cita se parece más a un orco de El señor de los anillos que a una mujer, lo suyo es poner pies en polvorosa. Eso fue lo que pasó con el pretendiente de Susana, Chica para los amigos: al verla, llamó a Carlos Sobera y canceló de forma fulminante su asistencia al programa. No podemos culparlo por su cobarde espantada, si tenemos en cuenta que esta achaparrada informática cuarentona se personó en el programa ataviada como si fuera al bodorrio de Drácula. Ella lo llama gótica victoriana per normal. Normalísima, chica.

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Adrián La Barbie

A día de hoy, media España se ha hecho atea. Y justo después de sentenciar que Dios ha muerto y que los Reyes Magos son los padres, abrazan con fe ciega las patochadas más peregrinas. Ahí está Adrián, que se considera adepto del tarot y de la brujería blanca: la buena, aclara. ¿Y en qué deriva esta espiritualidad de mercadillo? En una personalidad hueca como la de una muñeca hinchable: no en vano, el tal Adrián se autodefine como la Barbie de imitación de un bazar chico que cuando le tocas salta una canción de Aqua. ¡Ay Dios mío, llévame pronto!

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